Gabriela y Yin Yin
En duda se ha puesto la opción sexual de “Gabriela Mistral”, Lucila Godoy. Ella religiosa, sensible, amante de los niños, solitaria y que sin embargo, plasmó el dolor de la muerte y el amor en sus sonetos de modo magistral, obteniendo con ellos el premio de los primeros Juegos Florales, en 1914; La pudorosa y timida, le hacen presenciar desde las galerías , el día 22 de noviembre. Como Isauro Santelices, recibía el premio a nombre de ella; más tarde el sorprendido Isauro, la encontraría en la estación de trenes sonriente por lo sucedido.
La sensibilidad de algunos seres humanos, les hace estar en la permanente búsqueda de su verdad interior, nada conforma, todo es insuficiente y todo debe ser y es intenso, tanto que renuncian a la racionalidad del deber ser o hacer.
¿No hubiera sido acaso otra la Gabriela al reconocer su maternidad? En aquella época de aún fuertes sanciones morales, ante tan inadecuado “affaire” no hubiera sido bien visto Ella era maestra, ejemplo para sus educandos. Y claramente pudorosa
Además, cuestionada por su afición al cigarro y su vestuario masculino. Vestuario, que hoy se consideraría práctico y normal. Definitivamente, nuestra poetisa nació fuera de época.
Son variadas las historias acerca del origen de Yin Yin. Más, su amiga y colaboradora Palma Guillén —diplomática mexicana, quien se encontraba en París— Le ayuda con la crianza del niño. Y, es ella quien en una reciente entrevista revela que la maternidad de Yin Yin es definitivamente de Lucila Godoy, nuestra universal Gabriela Mistral. Poetisa, Madre y por sobre todo Mujer.
¡Cuánto dolor ¡habrá cruzado en su vientre
¡Cuánto dolor!
Habrá parido su alma,
En aquellas noches de negación
Amando a su carne sin confesar que lo era.
Y más, verle partir en la ausencia de tan bello conocimiento.
Hijo de las prosas (Cecilia Esther Rojas V.)
Resucita, ven resucita,
Sé el amor hecho carne.
No importa si te he parido,
No importa, si eres el advenedizo de mi amor de madre
Sólo,
Resucita, que así, mi alma poética resucitará tu nombre,
En el reino de una madre pesarosa
¿De una madre?
No lo sé.
Pero, sí pesarosa.
Resucita.
Que mis odas te requieren desde el fondo del vientre.
Ven, no quiero tu cuerpo sumido en la tierra de Arauco.
Ni en las extensiones de secanos y vides embriagadoras.
Te requiero, en mi vientre enjuto por tu partida,
En mis lagrimales secos, de dolor infinito.
Resucita, te quiero a mi lado, en el refugio de mis senos.
Henchidos de lácteos sin beber.
Ay, ay, hijo del alma o del vientre,
Resucita, que mi llanto no es mísero.
Es el grito de las entrañas que extrañan,
Tus vientos y resoplos.
Que, extrañan, juegos adolescentes e infantiles.
No te quiero en el fondo de la tierra,
Te quiero sobre el mar, sobre las islas,
Besando los labios de una parisina o de una aimará.
Te quiero en el mundo del ser. Creando.
Abrigando la vida de los vivos y los muertos.
¡Ay de mi, ay de mí!
Que he de ver el cuerpo de mi amor amado,
Cubierto en tierra de Vicuña, sin Vicuña.
Sin saber que el amor de mi alma, no tiene alma.
Sin mi amor de madre, sin ser madre y siendo madre.
¡Ay de mi, hay de mí!
Al fin, mi amado de amados, aquí en el mundo del infinito.
Te abrazo, y camino a tu lado.
Sin prejuicios ni mentiras.
Con verdades verdaderas, sin que a nadie importe.
Si te parí o te amé.
Si eres mío o de otro.
Ay de ellos, ay de ellos, que nutren sus decires de mi dolor.
DÍA DE LA POESÍA 21 DE MARZO 2010


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